No he sabido perdonarte, lo siento.
No he podido aprender a amarte como lo has hecho tu, disculpame.
Te quiero, sí. Pero no te amo. ¡Qué gran diferencia!
No es tu culpa, no te afligas. Sé que algún día serás capaz de encontrar el amor que no has podido encontrar en mi.
He roto tus ilusiones, tus sueños, tus esperanzas y con ello tu corazón, no era mi intención.
Se que es díficil, así que no te culpo por querer llorar.
¡Gritame! No me sentiré mal.
Y es que jamás fuiste capaz de decirme lo que yo quería oír. Jamás.
Tampoco te culpo, pues fuí yo quien hacía la tarde tan larga con las respuestas monosílabas, aquellas que mi boca solo era capáz de pronunciar en ese entonces.
¡¿ Por qué?! Era tan sencilla la respuesta.
Tu intentabas conquistarme, mientras yo sufría un desamor.
No tenía ni un atisbo de esperanza en mi desolado corazón.
Lo se. Se que lo intentaste, sí. Pero tu cariño, tus caricias, tu amor, tus palabras de consuelo no eran nada para mi. No eras a quien yo esperaba ver, o de quien esperaba una llamada. Y se que lo sabías. Pero, ¿Porqué?
Aún así seguiste a mi lado, y mira lo que te causé.
No me siento culpable, nunca te dí esperanza, eso lo sabes bien.
Aunque era feliz teniendote a mi lado, nunca fué suficiente.
En el fondo de mi corazón aún esperaba que el amor que perdí volviera a mi. Por eso no logré verte como algo más.
Sin él mi vida carece de sentido, así como dices que la tuya sin mi.
Pero en el corazón no puedo mandar, y si el ha decidido seguir clavado a un amor imposible no se lo impediré.
Por eso no soy capáz de decirte que te alejes de mi. Te comprendo.
Mis esfuerzos y los tuyos serán en vano... ¿Pero que podemos hacer?
¡Si! Lo se, pero no creo ser capaz de no volverle a ver.
Es mi razón para vivir, por lo tanto, mientras el viva, ¡viviré!
Y no, ¡no lo compartiré! Si ha de ser así, prefiero no verle más.
Soy envidiosa, avariciosa... Lo amo.
Sin el, no soy nadie. Tan solo una persona sin alma ni sentimientos, un ente vacio.
Logro observarle día a día por esta pequeña ventana, pero yo quiero aún más.
Por eso lo siento. Sin el ya no puedo, disculpame.
Si has decidido seguirme, como lo haré yo con el, no me opondré. Pero piensalo. No es una fácil desición, lo se.
¿Vivir o morir?¿Quién puede decidir?¿La vida, el destino, o Dios? Y mientras encuentro la respuesta, seguiré en marcha hacía un mundo con él, sin ti. Donde todo sea alegría, donde no exista el desprecio, donde todo lo que quiero se vuelva realidad, donde yo le pertenesca, donde cada día el me ame aún más.