No es, ni de cerca, la mejor forma. Y tampoco es como yo quería.
La última vez que te vi, posabas inerte en mis brazos. Las lagrimas no paraban, ni los gritos de mi corazón cesaban.
Eras mi niña, dormida, callada.
Quería creer que aún estabas aquí, conmigo. Que todo volvería a ser como fue alguna vez, que irías a casa conmigo.
Pero me equivoqué.
Me arrepiento de haberte olvidado por un momento, por pensar, o mas bien no pensar, en que algo podría pasarte.
Ya no hay vuelta atrás, pero el dolor sigue aquí.
Abre tus ojos pequeña, levántate y comienza a correr.
Eres libre, y estés donde estés, yo siempre te amaré.
7 de febrero de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)