Las horas no pasan, pues el tiempo no existe. Las manecillas del reloj se han convertido en pedazos de fierro oxidado que rechinan al avanzar. Sin embargo nadie las mira, están olvidadas junto a su caja y su tic toc en un oscuro rincón al que nadie se atreve a entrar.
¿Qué ha pasado con la vida que solía tener?¿Dónde ha quedado?
No tengo recuerdos, ni un atisbo de esperanza que me diga que algún día volverán.
El tiempo no existe, no existe el ayer, no existe el mañana, no existe el hoy. Y junto con eso tampoco existo yo.
20 de marzo de 2010
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